Elevándonos en vuelo ligero y grácil, vamos cambiando la manera de ver una situación cotidiana. Abriendo nuestro pecho hacia los espacios, es como conseguimos encumbrarnos a las alturas en donde es posible ver totalidad. Ascendiendo lentamente, vamos cambiando el punto de vista, vamos logrando la visión desde las alturas, en donde todo tiene otro cariz, se alivianan pesadas cargas, se liberan tensiones, se aligeran las rigideces de la razón. En la calma y la serenidad del vuelo gentil de nuestra garza, es como encontramos caminos insospechados de bienestar, de sosiego interior, de paz.
Desde aquí cambian los colores, las formas.
La serenidad, me acaricia con suaves mantos
transparentes.
La inspiración toca mis fibras más sutiles,
llega la alegría.
Extracto del libro “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”

