En brazos de la melodía, nos reencontramos con la sensibilidad.

Cada vez que movemos nuestro cuerpo con los dulces acordes de la melodía musical, dibujamos un encuentro de colores particulares desplegados en armoniosos destellos de luz. Con el toque de nuestras manos, invitamos al otro a compartir la alegría de estar vivos. Al son de nuestra mirada sincera, nos unimos en la delicadeza del momento presente. Se estremecen las máscaras, se dulcifican las armaduras, renace el corazón. Nos transformamos en sutileza, nos elevamos del suelo en una danza de ángeles, un regocijo para la vista, un regalo para la creación.

Embelesados, descubriéndonos,

nos deslizamos sobre delicadas nubes de realidad.

Entre pasadizos secretos, con suaves movimientos,

dibujamos la historia de nuestra vida.

Extracto del libro  “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”