Nuestra presencia es parte importante de la identidad.

En el acto de exaltar mi presencia, implícitamente agradezco ser parte de la raza humana. Cada célula de las que componen el alma de mi ser, brilla con una intensidad diferente. Se trasparentan los muros, se aligeran las cargas ancestrales, se establece un vínculo con la naturaleza, un pacto sagrado con la existencia.
En cada paso, miras adelante con coraje sereno, con pasión, con alegría, experimentando el placer de estar vivo. Inmerso en la paz de poder mostrar que lo sagrado reside en tu interior desde antes de nacer, que la luz de tu mirar se intensifica al enamorarte de ti mismo, que este acto de amor se transmite a los demás de manera natural y profunda, en una alianza con la especie.

Somos creadores de luz,
y nos hacemos reales al compartirla con los demás.
Somos seres sagrados, nacimos así.
Somos parte de una estrella, desde el principio de
los tiempos.

Extracto del libro  “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”