La fluidez nos muestra otros caminos, nuevas percepciones para renovar la mirada y el movimiento.

Cuando nos convertimos en un “fluido”, encontramos nuevas maneras de hacer las cosas, nos volvemos creativos reeditando la manera de caminar, la manera de ver, la manera de estar.

Las formas de movernos cuando estamos fluyendo en soledad, cambian cuando decidimos fluir con otra persona. La fluidez en pareja nos proporciona la oportunidad de amoldarnos a los movimientos de la otra persona, haciendo que dos cuerpos se transformen en un solo ser, un ente nuevo, que nace de acuerdos sin palabras, de respeto inmemorial, de haces de luces coincidentes en un presente compartido, único, poderoso.

Nos unimos en la verdad del otro,
enlazados por cordones invisibles, etéreos.
Sinuosas formas inventadas, Nunca vistas,
jamás imaginadas.

Extracto del libro  “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”