Cada vez que realizamos variaciones de movimiento con nuestro cuerpo, iniciamos un camino mas profundo dentro de nuestro ser, se agita y se nutre cada célula, se comienza a mover la creatividad, la armonía, se suavizan rigideces antiguas. Congregamos a nuestros instintos más básicos, más primordiales, a que nos acompañen en la senda andada. El ritmo enfatiza nuestra pertenencia a la tierra que nos sostiene, inicia un movimiento hacia las profundidades, arraigando, creando vínculos, generando lazos de protección, con raíces fuertes y sanas, que hacen crecer las abundantes semillas de nuestro interior.
Somos concebidos en el ritmo del amor.
Nacemos a la existencia
inmersos en un mundo cambiante,
pulsando al compás del universo.
Extracto del libro “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”

