Expresando con nuestro rostro y nuestro cuerpo, abrimos caminos de sensible apertura.

La expresión de nuestro rostro es el reflejo de nuestro interior, así como también lo es, el expresar con nuestro cuerpo. Cada movimiento producto de la conexión de un estímulo musical con nuestra emoción, nos habla de nuestros límites, de nuestros miedos, de nuestros deseos y sueños, nos habla del amor que reside en nosotros, de la luz que se encuentra dentro, nos habla de nuestra sacralidad. Cada vez que nos permitimos expresarnos, damos un paso hacia el encuentro con la paz, suavizamos nuestras rigideces, hacemos transparentes nuestros límites, creamos y ampliamos los espacios para la comunicación sincera, para expandir nuestra luz y extenderla con hilos transparentes, hasta las estrellas.

Vamos aligerando el cuerpo en la danza,
lubricando los enmohecidos engranajes,
ahuyentando los miedos,
confiando en nuestra presencia

Extracto del libro  “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”