hallando una sensación de fusión, generada por la música, el ambiente protegido y calificador.
Al estar cerca de otras personas, tanto cerebro como corazón entran en una sincronía con los otros corazones cercanos, al danzar en ritmo común este efecto se potencia.
El grupo conforma la matriz en donde ocurren las transformaciones, un ser nuevo que pulsa como un todo afectivo, cada participante principal elemento de este todo cambiante y en equilibrio.
Somos los transformadores del universo,
juntos nos hacemos poderosos,
somos un nosotros de luz,
parte del magnífico concierto de la existencia.
Extracto del libro “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”



